Hijos e higiene: ¿nos estaremos pasando?

No hay ninguna duda de que, al hablar de los hijos, la higiene es algo fundamental, algo que no debe faltar por un motivo básico: la salud. Especialmente cuando hablamos de los bebés, cuyo limitado sistema inmunológico todavía se encuentra en pleno desarrollo.

Sin embargo, ¿deben los padres poner límite a la higiene con la que tratan a sus hijos? Vivimos en un mundo cada vez más higienizado, más desinfectado, más aséptico. Y, sin embargo, cada vez son mayores las incidencias relacionadas con la salud: alergias, atopias, dermatitis…

¿No tendrá algo que ver el exceso de higiene en toda esta problemática? Seguramente que la primera respuesta que viene a la mente es «no, claro que no, la higiene es necesaria«. Por poner un ejemplo: las prácticas toallitas para limpiar el culito de los bebés. Todo un avance de la vida moderna: usar y tirar.

La higiene del bebé: versión antigua vs moderna

Algunas parejas todavía utilizan el método antiguo, el de la esponja para bebés con la tinaja de agua. Sin duda un método mucho más engorroso que las toallitas, puesto que hay que llenar un recipiente con agua (controlando su temperatura, sobre todo en invierno), limpiar el culito y, al terminar, asegurarse de aclarar bien la esponja y tirar el agua sucia. Y, por supuesto, habrá que higienizar de alguna manera el recipiente utilizado, puesto que las heces son un estupendo caldo de cultivo de infinidad de bacterias.

Sin embargo, el uso indiscriminado de las toallitas higiénicas puede llegar a ser muy contraproducente. Algunos padres habrán tenido la mala suerte de comprobar cómo el utilizarlas sistemáticamente para limpiar los restos de comida de la boca de sus hijos provoca la aparición de úlceras y otro tipo de complicaciones de la piel.

¿La causa? El cuerpo puede verse como un delicado ecosistema donde cohabitan infinidad de bacterias en perfecto equilibrio. Si se rompe ese equilibrio, aparecen los problemas. La utilización indiscriminada de toallitas higienizantes, por continuar con el ejemplo, puede llegar a romper ese equilibrio causando molestias que podrían haberse evitado.

¿Entonces qué deben hacer los padres, no lavar a sus hijos? Por supuesto que no. Pero tampoco es necesario lavarles la cara o las manos cada vez que toquen un objeto que no esté esterilizado. «No cojas eso, no toques lo otro«. Son dos de las expresiones más repetidas por los padres en cuanto los hijos pisan la calle. Precisamente esos padres (los que mayoritariamente están en la treintena) deben haber olvidado cómo se criaron ellos, prácticamente solos en la calle y sin sistemas de vídeo-vigilancia, móviles y otros adelantos de la vida moderna. Sí, eran otros tiempos, pero los niños siempre serán niños y deben aprender y jugar ensuciándose.

Seguramente alguien todavía sigue pensando que lo expuesto en las líneas anteriores tiene poca o ninguna base científica (lo cual no deja de ser cierto), pero entonces debería plantearse el no volver a besar a sus hijos. La razón, el hecho científico de que en un centímetro cúbico de saliva hay más bacterias que en un centímetro cúbico de heces.

¿Acaso habrá que limpiar la cara de los niños cada vez que alguien los dé un beso (incluidos los padres)?

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