Problemas más comunes de los niños prematuros

Los problemas a los que se enfrenta un bebé prematuro o pretérmino, son de diversa índole. Por mi experiencia y lo que he podido ver en la unidad de neonatología, los más comunes son los siguientes:

  • Problemas respiratorios: la afección más común se denomina pulmón húmedo, consistente en exceso de líquido en los pulmones. Durante el último mes de embarazo el útero absorbe parte del líquido amniótico, el bebé absorbe otra parte y durante el parto se expulsa el resto. En el caso de niños prematuros, el útero no ha tenido tiempo para absorber todo el líquido que debería, lo mismo que el niño y, si el parto es rápido, el resultado es que el niño nace con exceso de líquido en el pulmón. No tiene, en principio, consecuencias y el exceso de líquido se reabsorbe durante los primeros días de estancia en la incubadora.
  • Infecciones: las consecuencias de sufrir una infección en un prematuro, pueden ser letales. Es por ello que, en la mayoría de los casos, se tome una actitud preventiva. Mientras se ponen en marcha cultivos para determinar si existe infección o no (en múltiples ocasiones, las infecciones son las desencadenantes del parto), se suele poner al neonato un tratamiento a base de antibióticos, que se suspende inmediatamente que se conozca el resultado negativo de los cultivos.
  • Ictericia: es el color amarillento que adopta la piel cuando la bilirrubina que circula en la sangre excede los niveles habituales. Lo normal es un nivel por debajo de 1mg/100ml. En general, se considera normal si aparece en los primeros días de vida y no dura más de 10. A nuestro hijo le duró 5 días. El tratamiento más utilizado es la fototerapia, consistente en ponerles bajo la luz de una lámpara de tubos fluorescentes (protegiendo sus ojos con una venda o similar). Esto es debido a la capacidad que tiene la luz para convertir la bilirrubina en un derivado que el organismo elimina fácilmente.
  • Alimentación: el neonato normalmente tiene problemas para alimentarse por sí mismo. Esto es debido a que su capacidad de succión está limitada por su poca fuerza, derivada de la falta de peso al nacer. Aunque suele ponerse al niño al pecho de la madre para que vaya ejercitándose, lo normal es tener que completar su alimentación con biberón o mediante una sonda directa al estómago. El consejo es armarse de paciencia y esperar a que el niño vaya ganando peso con el paso de los días.
  • Peso: derivado del anterior, los neonatos tienen dificultad para ganar peso. Todos los bebés pierden peso los primeros días de vida (aproximadamente entre un 5% y un 10% del total). En nuestro caso, pasó de 2,250gr a 2,070gr. En el caso de los prematuros es de suma importancia que lo ganen con rapidez, pero debido a su limitada capacidad de succión se agotan tomando el pecho o el biberón. Por eso se les alimenta por sonda, para que no quemen valiosas energías. Los pediatras, en este caso, son los encargados de planificar la dieta del bebé.

Aunque los anteriores son los problemas más comunes, existen casos más graves en el que los niños pueden necesitar desde una transfusión de plaquetas hasta otras de plasma o sangre.

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