¿Cuándo tener hijos? La generación del euro

Hay un post titulado «Pros y contras de la paternidad modernas» en el que analizo, desde un punto de vista principalmente funcional, cómo han cambiado las cosas desde la época de nuestros padres y cómo actualmente los hombres se involucran mucho más en la educación y cuidado de los hijos.

En él también hablo de las razones del cambio de modelo de familia actual, pero sin profundizar demasiado en una de ellas: el dinero. Ahora quiero detenerme a reflexionar las implicaciones del euro en el desarrollo de las familias.

Tenemos más dinero

En España han cambiado mucho las cosas en las últimas décadas. Con la liberación de la mujer, vino su completa integración en el mundo laboral. La mujer ya no está en casa al cuidado del hogar y la familia, como lo han estado la mayoría de nuestras madres. La mujer trabaja y el hombre también trabaja.

Donde antes había un sueldo, ahora hay dos. La conclusión inicial es muy clara: disponemos de más dinero. Con más dinero, el abanico de posibilidades se amplía. Coches, vacaciones, ropa, reuniones sociales, hobbies, caprichos…La lista de cosas que pueden comprarse con dinero es interminable. Y cada vez queremos más, cuanto más tenemos más queremos. Como nuestros vecinos cada vez tienen más, nosotros queremos también lo de nuestros vecinos. Lo que es interminable es la espiral consumista.

No puedo dejar de mencionar en esta ecuación la vivienda, objeto de deseo de cualquier español de a pie. Aquí es donde la resolución de la ecuación se complica de verdad. La vivienda ha subido de precio. No, ha subido muchísimo de precio. Pero nosotros queremos un piso, y toda la lista anterior de banalidades que podemos comprar con dinero y que nuestros vecinos y amigos ya tienen.

Los problemas crecen. Para poder pagar un piso y demás objetos hay que endeudarse durante 30 o 40 años. Y para poder pagar las deudas hay que trabajar…y mucho.

¿Y los hijos para cuando?

Una vez envueltos por esta inercia consumista, salir de ella o parar para respirar se antoja harto complicado. ¿Y qué hay de los hijos?

Todavía no, que tenemos que disfrutar unos años. Además, tenemos que meternos en el piso y amueblarlo, y comprarnos un coche nuevo que este (de 5 años) ya está viejo.

Ya no sé la cantidad de parejas a las que he oído estas y otras excusas similares. Hay otra que me gusta mucho que es la de «el año que viene estaremos mejor«. ¿Mejor para qué? Lo cierto es hoy en día lo normal es ver las clases de preparación al parto llenas de madres primerizas de más de 30 años, muchas cerca de los 40.

El tiempo pasa y, claro, cada vez son más numerosos los embarazos de riesgo, partos prematuros, problemas para concebir, etc. Entonces, ¿qué lugar ocupan los hijos en nuestras prioridades? ¿Acaso es más importante comprarse un coche o un piso caro que tener un hijo? No creo que pensemos eso, pero creo que estamos tan «contaminados» con el tufo que deja el caballero don dinero que hemos perdido el norte.

El problema es que la sociedad actual no te permite que sacrifiques nada de lo material que has conseguido con tu duro trabajo, como si eso fuera un signo de falta de éxito. Y sí, es verdad, para tener hijos hay que sacrificarse. Unos más y otros menos, pero todos (los que quieran, obviamente) tendremos que madurar y asumir la responsabilidad de ser padres algún día.

Y ahora que los tenemos, ¿quién los educa?

Por lo que he visto, y por mi propia experiencia, parecen ser los 30 años la barrera psicológica temporal en la que empiezas a plantearte lo que estás haciendo con tu vida. Das el paso y te lanzas a la aventura de ser padre.

¿Y ahora qué? Ya tienes tu hijo, pero hay que volver al trabajo. Después de 4 meses de baja, la madre regresa a su puesto de trabajo y deja a su retoño en una guardería o, en el mejor de los casos, al cuidado de la abuela. Los hay quienes pueden pagarse una chica que hará de mamá postiza.

Pero entonces, si nosotros no estamos con nuestros hijos porque tenemos que trabajar, ¿quién educa a nuestros hijos? Pues eso, guarderías, abuelas o mamás postizas. Cualquiera menos nosotros. Y, salvo a las abuelas, ¿qué les importa la educación de nuestros hijos al resto? Eso sí, poco educados pero con PlayStation, PSP, Nintendo, DVD, MP3, Levis, Tommy, Ray-ban y Mercedes.

Ahí van, hornadas de chavales jóvenes educados a base de talonario y bollería industrial. Son fáciles de distinguir, van muy bien vestidos, peinados y, si ven una embarazada en un autobús, jamás la ofrecerán el asiento que están pisoteando con sus zapatillas de marca.

¿Tan mal lo estamos haciendo? Supongo que a esto se referían con lo de pasar por el aro. ¡¡¡Vaya!!! Tengo que dejar de escribir y ponerme a trabajar, que hay que pagar la hipoteca…

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